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Los estudiantes de secundaria adquieren en esta etapa escolar un sinnúmero de experiencias que dejarán profunda huella en su vida personal. Los maestros más admirados, amigos y amigas y los conocimientos adquiridos que forman parte de su proceso de crecimiento intelectual y emocional.

La recientemente adquirida independencia requiere aplicar esas experiencias y conocimientos para lograr las metas propuestas a mediano plazo. No es gratuito que la adolescencia y el paso por la secundaria coincidan. Los conocimientos que en ella se brindan son precisamente para proporcionar mejores herramientas de análisis y poderlas aplicar para encontrar las respuestas a los cuestionamientos que todo y toda adolescente se plantean.

No obstante, la adolescencia también se relaciona con una actitud, donde ilusiones y proyectos son lo más importante; el deseo de "comerse al mundo" y la energía y entusiasmo características de los jóvenes son actitudes positivas para emprender cualquier proyecto. Sin embargo, no basta con estas cualidades. Cualquier meta o proyecto personal que en verdad se esté dispuesto a llevar a cabo, requiere algo más que suerte y entusiasmo.

A manera de proyecto científico, intereses y metas personales deben tener una planeación donde se considere cuáles son los aspectos económicos, sociales, familiares, etc., y qué hábitos y actitudes es necesario fortalecer o suprimir, así como autoanalizarse y saber si en realidad ese proyecto es satisfactorio. Esto no significa que desde un principio todo salga bien. Constancia, disciplina y prudencia son decisivas para alcanzar los objetivos propuestos.

Se debe ejercer la autocrítica, interrogarse uno mismo y explorar diversos terrenos del conocimiento. Sólo de esa manera se puede saber cuáles son las áreas donde es factible desarrollar todo el potencial personal. Esto requiere objetividad y no dejarse llevar por prejuicios o la opinión de los demás, sólo así se podrá saber lo que se quiere.

Como estudiante de secundaria los y las jóvenes aprenden que colaboración, solidaridad, diálogo, confianza y convivencia cotidiana son factores que ayudan a resolver casi cualquier problema que presenta la vida, escolar o privada.

Sin embargo, estas experiencias, aunadas a los conocimientos teóricos sobre historia y civismo adquiridos, no servirían de nada si permanecen en la memoria como un simple dato más, sin llevarlos a la práctica. Dichos conocimientos pueden enriquecerse aún más si se trasladan a otros ámbitos sociales, como la familia o la colonia.

Para nadie son desconocidos los conflictos que se viven en México, los cuales han generado un ambiente violento e impersonal, donde los antivalores y actitudes dominantes propician, entre otros, la búsqueda del beneficio individual sobre los demás, el afán de enriquecimiento económico, la apatía y el culto al cuerpo.

Sin embargo, resultaría muy cómodo mantenerse al margen de estos hechos en lugar de involucrarse y tratar de cambiarlos. Negarse a esta realidad sería tanto como anularse a sí mismo y cerrar los ojos ante una situación, que como adultos, los y las estudiantes habrán de afrontar.

La actitud crítica y el análisis objetivo son algunos de los conocimientos y hábitos aprendidos en la secundaria y que es posible llevar a la práctica, como lo han hecho muchos y muchas jóvenes que han enriquecido su autoestima y comprobado que su participación, hoy más que nunca, es indispensable.

Al revisar la historia reciente, es fácil percatarse que la participación juvenil nunca como ahora había dado tan buenos resultados. Movimientos pacificistas y ecologistas han obtenido éxitos importantes gracias a que cientos de sus miembros son jóvenes. Luchar por estos u otros ideales –quizá no considerados–ofrece la oportunidad de poner en práctica lo aprendido y avizorar nuevas metas y compromisos.

La búsqueda de una identidad propia que se distinga de las demás, forma parte del crecimiento. En un principio la persona se identifica como miembro de una familia y después como parte de un país. Ello ha sido posible gracias a que millones de mexicanos comparten un idioma, tradiciones y una cultura comunes, producto de una historia que comenzó hace miles de años.

En este sentido, la escuela aporta, a los y las adolescentes, conocimientos para identificarse más con su país y aprender a convivir en él de manera respetuosa y constructiva. Así, mediante la experiencia escolar se aprende que el diálogo y la participación son las mejores herramientas para resolver cualquier conflicto.

Estos valores no son privativos de México. Como parte de la humanidad, el país está comprometido a sostener valores como: la libertad, justicia, paz, igualdad, respeto a los derechos humanos y a la naturaleza.

Por ello, conocer las culturas y valores de otros países además de ampliar los horizontes personales, permite apreciar las diferencias que distinguen a la humanidad, pero a su vez, los valores y preocupaciones que les unen como seres humanos.

Actualmente, nadie –individuo o nación– permanece aislado en ningún aspecto, la llamada interdependencia los ha enlazado prácticamente con toda la humanidad; en el aspecto económico cualquier problema repercute en varios países y la contaminación afecta a toda la humanidad.

De esta manera, conocer lo que ocurre en otras naciones representa algo mucho más importante que un tema de conversación para deslumbrar a compañeras y compañeros. Todo estudiante de secundaria debe mantenerse informado de lo que ocurre; este conocimiento permite analizar qué costumbres o valores representan una opción de cambio y mejoramiento. Para alcanzar ese cambio no basta con quedarse en el simple terreno de la palabra, es necesario practicar esos valores en cada uno de los actos personales.